quinta-feira, 18 de maio de 2017

EL ESCENARIO INTERNACIONAL

Manual 4
EL ESCENARIO INTERNACIONAL
La experiencia de los gobiernos progresistas y de izquierda (Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, entre otros) confirma que el éxito o el fracaso de un gobierno depende, al menos en parte, de lo que ocurre en la región y en el mundo.
Las principales características de la situación internacional son las siguientes:
a) El capitalismo es dominante: nunca antes en la historia los capitalistas y el capitalismo como modo de producción fueron tan hegemónicos como lo son hoy;
b) El capitalismo dominante está marcado por la dependencia al sistema financiero y la especulación: la cantidad de dinero que circula en los mercados financieros es muchas veces mayor que el producto interno bruto de todos los países del mundo juntos. Crece la contradicción entre los circuitos de producción material y los circuitos de valorización de capital. Después de 2008, los "bancos demasiado grandes para quebrar" se han vuelto aún más grandes, producto de la inexorable tendencia a la concentración y centralización del capital;
c) El capitalismo está en crisis: en 2008 hubo un colapso general que recuerda al ocurrido en 1929. Las medidas adoptadas por los Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea en 2008, protegieron la especulación financiera y las transnacionales. Como resultado, las tasas de crecimiento continuaron muy bajas y el desempleo sigue siendo muy elevado;
d) La principal potencia capitalista lucha contra el declive de su hegemonía: a pesar de que sigue siendo la principal potencia militar y a la vez sea responsable de la emisión de la moneda de mayor tránsito internacional, los EEUU perdieron peso económico, viven una crisis social y política de grandes proporciones y, además de eso, su hegemonía es refutada por otros países;
e) Crecen las contradicciones entre los diferentes Estados capitalistas: al contrario del mundo unilateral pretendido por los EEUU después del fin de la URSS, el mundo actual es cada vez más multipolar, en particular los BRICS. A diferencia del periodo 1945-1991, en el que los conflictos internacionales estaban fuertemente atravesados ​​por la lucha entre el capitalismo y el socialismo, hoy el conflicto dominante se da entre diferentes tipos de capitalismo;
f) Las instituciones mundiales creadas en 1945 están en crisis: la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio están perdiendo terreno ante un sinnúmero de acuerdos, tratados y medidas unilaterales que recuerdan en cierta medida la confusión que ocurrió antes de la Primera Guerra Mundial y en el intervalo entre esta y la Segunda Guerra Mundial;
g) La clase obrera sigue estando en una defensiva estratégica: desde principios de los años 1980, aumentaron las tasas de explotación, cayó la remuneración, hubo un deterioro en las condiciones de trabajo y una pérdida de los derechos sociales, reducción de las libertades democráticas, debilitamiento de los sindicatos y partidos, y fortalecimiento del individualismo. Este proceso se acentuó más a partir de 1991, después del fin de la URSS.
El capitalismo
Como actualmente el mundo es más capitalista que nunca, es fundamental entender lo que está sucediendo hoy con este modo de producción, especialmente en los EEUU y Europa.
Cuanto más se eleva la productividad del trabajo, mientras mayor es la extracción de la plusvalía relativa, más el capitalismo se enreda en sus variadas tendencias estructurales:
a) Reducción de la tasa promedio de beneficios;
b) La concentración, centralización y exportación de capitales, tanto en la forma financiera como en la forma de transferencia de plantas industriales, promoviendo la creciente globalización del capitalismo;
c) Reducción de la participación del trabajo vivo en el proceso productivo;
d) Creciente desempleo estructural y empobrecimiento de las masas trabajadoras de las sociedades capitalistas, tanto desarrolladas como periféricas, sometidas al capitalismo central;
e) Acentuación de la naturaleza de clase del Estado;
f) Incompatibilidad creciente entre capitalismo, bienestar, democracia y soberanía nacional.
Estas tendencias fueron incitadas a partir de 2008, con las crisis financieras y económicas globales que acontecieron en los EEUU, Europa y Japón.
Este conjunto de procesos llevó a la acumulación, en pequeños extractos de la población, de la mayor parte de las riquezas reales y ficticias producidas por las empresas capitalistas. En otras palabras, la burguesía mundial es cada vez más rica y cada vez menos numerosa.
Al mismo tiempo, aquel conjunto de procesos hizo que se encogiera la capacidad social de consumo, al ser creadas masas cada vez mayores de trabajadores desheredados y/o mal pagados.
En los EEUU, Europa y Japón, el tema del desempleo, inclusive de trabajadores cualificados hasta entonces considerados como parte de una supuesta "clase media" –, se convirtió en uno de los aspectos principales de la crisis, en contraste con la riqueza acumulada por entre el 1% y el 2% de la población.
Frente a esta situación que recuerda lo que ocurrió a principios del siglo XX, algunos creen que la solución podría venir de la adopción de políticas semejantes a las que fueron implementadas, en los años 1930, durante el New Deal de Roosevelt.
En otras palabras, algunos creen que la solución estructural a la crisis actual podría resultar de la ampliación de las inversiones públicas, lo que daría lugar a la mejora de las condiciones sociales de los millones de desempleados y "excluidos", produciendo un efecto "impulsor" en la economía y la generación de empleos, contribuyendo así a superar la crisis.
Es evidente que estamos a favor de aumentar las inversiones públicas, pero esto no es suficiente para hacer frente a la crisis actual. De hecho, cabe recordar que en los EEUU de los años 1930:
a) Para incrementar las inversiones públicas, fue necesario hacer frente a la oposición de los capitalistas, que hicieron todo lo posible para evitar que las acciones del Estado tuviesen un efecto real positivo en el fomento de la producción y del empleo;
b) Solo la participación en la Segunda Guerra Mundial sacó de la crisis a la economía capitalista de los EEUU que comenzó en 1929.
Este hecho deja claro la naturaleza destructiva del capitalismo: la guerra – ya sea la producción de armas, la destrucción de las riquezas hasta entonces acumuladas, la reconstrucción posterior, las Guerras Mundiales, la Guerra Fría o las guerras calientes ocurridas después de 1945 - desempeñó un papel fundamental en la creación de las condiciones para el ciclo de crecimiento económico capitalista que se extendió entre 1945 y 1970.
El complejo industrial-militar - absolutamente irracional desde el punto de vista de los intereses de la sociedad en conjunto - es extremadamente "eficiente" para los fines de la acumulación de capitales.
Pero la industria bélica también experimenta – en una escala aún más rápida - las mismas transformaciones científicas y tecnológicas del conjunto de la "industria productiva". De hecho, la industria bélica es una de las que más redujo el uso de fuerza de trabajo en su proceso de producción.
Es decir, es una de las industrias que más tiende a elevar la productividad del trabajo y la extracción de plusvalía relativa. Y, por lo tanto, es una de las industrias que tiende a descartar el trabajo vivo en niveles muy acelerados, empeorando el desempleo.
¿Por qué razones el capitalismo, incluso cuando está en crisis, no adopta “natural” y “espontáneamente" políticas de empleo e ingreso, que podrían dar lugar a la ampliación del consumo y la producción?
La respuesta es simple: un gran capital, especialmente aquel situado en las altas esferas financieras, prefiere producir plusvalía sin pasar por el proceso de producción material.
Dicho de otra manera, prefiere acumular capital sin "desperdiciar" nada con salarios directos e indirectos.
Este hecho deja claro el carácter antisocial del capitalismo: se resisten lo más que pueden a hacer "inversiones públicas", especialmente aquellas orientadas a resolver los "problemas sociales", porque implican una cierta redistribución de la plusvalía.
El capitalismo actual recuerda a la violencia brutal de la acumulación primitiva de su infancia.
Es el caso de las patentes, licencias y propiedad intelectual que recuerdan a los monopolios contra los cuales se levantó la burguesía naciente.
Pasa por  una división internacional de trabajo del tipo colonial y por una destrucción implacable de la naturaleza, que rememoran lo ocurrido en países donde se establecieron los latifundios esclavistas.
Todo esto combinándose con las formas más extremas de la extracción de plusvalía relativa, con nuevas tecnologías como la nanotecnología y la biotecnología.
Además de eso, los complejos industrial-militares de los EEUU y de Europa Occidental continúan siendo desarrollados como pilares estratégicos.
Esto no solo para la defensa de sus territorios y sociedades, sino principalmente para la subordinación de otros territorios y sociedades.
Los EEUU y Europa Occidental necesitan recursos minerales y energéticos de otros países, al igual que mercados y áreas de contención o de ataque.
No es casual que los EEUU hayan instalado más de 1.000 bases militares en todo el mundo, y hace mucho interfieren militarmente en todo lugar donde sus intereses estén, real o imaginariamente en peligro.
Las guerras de Reagan en los años 1980, se difundieron a través de América Central, África y Oriente Medio.
Las guerras de Bush, en los años 2000, afectaron aún más los ya perjudicados Afganistán e Irak, devastando grandes regiones.
Las Guerras de Clinton causaron una gran destrucción en el sur de Europa (antigua Yugoslavia).
Las guerras de Obama, realizadas mediante drones, y las de los británicos y franceses, con el uso de bombarderos, en África del Norte y en Oriente Medio, destruyeron gran parte de Libia y de Siria, y son responsables por las provocaciones contra Rusia, lo que originó conflictos en Ucrania, así como el evidente “muro” de contención a China, en el arco que va desde Japón a las Islas Spratley.
Y desde antes de tomar posesión, Trump comenzó una escalada verbal con China.
Los EEUU han sido el principal agente de generación y difusión del llamado terrorismo en todo el mundo. Ellos financiaron y armaron a Al-Qaeda. Después, financiaron y armaron a los otros grupos del mismo tipo para, hipotéticamente, debilitar a Al-Qaeda, y/o para derrocar a los gobiernos que no les agradaban, por ejemplo, el de Siria.
El resultado más dramático de esa intervención imperial en los asuntos internos de otros países, especialmente en Medio Oriente, fue el surgimiento del Estado Islámico y la propagación de grupos terroristas islámicos en todo el norte de África, por varios países de Asia y dentro de los mismos EEUU y países europeos.
Muchos de ellos están apoyados, financiera y militarmente, por los gobiernos aliados de EEUU, como Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes y Turquía.
Los EEUU, tras el fracaso de la guerra de Vietnam y de los desastres de su intervención directa en Irak y Afganistán, se esfuerzan por hacer que "sus guerras" sean manejadas por control remoto y luchadas por otros, incluso mercenarios, conforme fue hecho por Obama.
Uno de los resultados de esto es la ola de refugiados, oriundos principalmente de África, Oriente Medio y Asia, la multiplicación de grupos terroristas, al igual que el fortalecimiento de las corrientes políticas similares al fascismo y el nazismo tanto en Europa como en los EEUU.
Los populistas de derecha
Estamos viviendo un momento internacional que tiene similitudes preocupantes con algunas situaciones que dieron origen a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial.
Una de estas similitudes tiene que ver con los efectos políticos del liberalismo (en aquella época) y los efectos políticos del neoliberalismo (actualmente).
A principios de siglo, Europa y los EEUU vivían bajo la hegemonía del liberalismo. Las crisis económicas, sociales y políticas desembocaron en la Guerra Mundial. Uno de los despliegues fue la Revolución Rusa de 1917. En los demás países de Europa, ya sea para superar la crisis o para hacer frente a la amenaza de una revolución social, los partidos crecientes del gran capital y de la derecha tradicional se fueron sumando a las teorías del fascismo en Italia, del Franquismo en España y del nazismo en Alemania. Los errores políticos de la socialdemocracia y del movimiento comunista contribuyeron a que grandes sectores de la clase obrera y la pequeña burguesía fuesen cooptados por el populismo de derecha.
El populismo de derecha no era liberal: por el contrario, hizo crecer el papel del Estado, de la planificación y del proteccionismo nacionalista. Pero el populismo de derecha también era expansionista, imperialista, racista, antidemocrático, anti socialista y anticomunista. El resultado de todo esto fue la Segunda Guerra Mundial.
Hay similitudes entre este proceso, ocurrido en la primera mitad del siglo pasado, y lo que está sucediendo hoy: Donald Trump en los EEUU, Marine Le Penn en Francia, las fuerzas fascistas y neonazis en Ucrania, Grecia y en varios países del Este de Europa, los partidos ultraconservadores cuya fuerza electoral crece en todos los países de Europa occidental, incluidos los países nórdicos conocidos por su estado de bienestar social.
Tanto el neoliberalismo como el populismo de derecha manejan, de diferentes formas, al empeoramiento de la inestabilidad, de las crisis y de las guerras.
En 2008, la crisis económica tuvo su epicentro en Estados Unidos. Hoy en día, la crisis política global también tiene su epicentro allí. Las medidas tomadas por el gobierno de Trump empujan al mundo hacia un conflicto mayor.
Defender la paz
Solo las fuerzas de izquierda, populares y democráticas son capaces de detener la contraofensiva reaccionaria que empuja al mundo a crisis cada vez mayores y nos amenaza con guerras cada vez más destructivas.
Nunca el mundo fue tan capitalista como lo es hoy. Y es exactamente por esto que el mundo nunca fue tan desigual, conservador y violento. Por esta razón, es necesario volver a poner en el debate una alternativa global al sistema dominante en el mundo, es necesario luchar por cambios efectivos en el modo de producir y distribuir las riquezas en nuestra sociedad, en la forma en que las personas se relacionan entre sí y con la naturaleza.
La crisis que enfrenta el capitalismo desde el año 2008 se puede abordar de dos maneras fundamentalmente diferentes:
a) Bajando aún más el nivel de vida de los trabajadores, provocando catástrofes sociales y ambientales, empujando al mundo a una guerra;
b) Transformando las riquezas acumuladas en manos del capital oligopólico y financiero en inversión pública, en expansión del bienestar y recuperación del medio ambiente, desmontando los arsenales militares.
Las fuerzas que causan la crisis y que se benefician de ella son las mismas que dominan el poder político, económico, militar e ideológico en los EEUU.
Es por esto que las acciones prácticas del gobierno de los EEUU aumentan la crisis, como fue en el período de Bush-Obama, cuando se estimuló la globalización. Y es así hoy, donde parece predominar el proteccionismo.
Los EEUU no tienen la unidad y/o la capacidad de construir una alternativa a la crisis que vivimos. Sin embargo, todavía tiene los medios para tratar de bloquear o retrasar el cambio, o al menos matar y morir en el intento de evitar el surgimiento de un nuevo mundo.
Los EEUU solo superaron la crisis de 1930 gracias a la Segunda Guerra Mundial. Y cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, el complejo industrial-militar siguió invirtiendo en nuevas guerras y en la carrera armamentista. La política de la era Bush padre-Clinton-Bush hijo-Obama no fue, por lo tanto, algo inesperado o sorprendente.
La dinámica de la crisis mundial es más poderosa y tiende a empujar a los EEUU hacia la guerra. Quien puede evitar este final, en primer lugar, es el pueblo de los EEUU.
El movimiento sindical, la intelectualidad de izquierda, los sectores democráticos del país están convocados a actuar de forma autónoma frente a los dos principales partidos del Capital, el Republicano y el Demócrata.
Quien puede impedir la guerra y construir otro orden mundial es, en segundo lugar, la clase obrera y los pueblos de otras regiones del mundo. En particular, el pueblo de América Latina y el Caribe que ya dio, sigue dando y todavía puede dar una gran contribución.
La situación en América Latina y el Caribe
América Latina y el Caribe fueron víctimas, entre 1960 y 1990, de gobiernos dictatoriales y neoliberales, que profundizaron las peores características de la historia de cada uno de los países de la región: la dependencia externa, la falta de democracia y la desigualdad social.
A partir de 1998, se inició un ciclo de gobiernos progresistas y de izquierda que apuntaban en la dirección opuesta: la ampliación del bienestar y la igualdad social, la ampliación de las libertades democráticas, la soberanía nacional e integración regional.
La crisis de 2008 y sus efectos, la acción del gobierno de los EEUU y de la oposición de derecha, los errores y las limitaciones de las experiencias "progresistas y de izquierda", abrieron una fase de contraofensiva reaccionaria.
Donde la derecha volvió al gobierno, observándose no solo un retroceso social, sino también un retroceso económico y político, así como un giro en la política exterior, que vuelve a estar supeditada a los intereses de los EEUU.
La elección nicaragüense demostró que no es inevitable la derrota de los gobiernos progresistas y de izquierda. No obstante, la difícil situación en Venezuela y la derrota sufrida en Brasil y en Argentina crearon un nuevo escenario estratégico.
La izquierda latinoamericana y caribeña está convocada a detener la ofensiva reaccionaria, recuperar los espacios perdidos, lograr nuevas victorias, crear las condiciones para que la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños vuelvan tener un papel importante en el ámbito internacional, a favor de la paz y de otro orden económico y político internacional.
Descubrir los caminos para realizar esto requerirá un balance detallado de cómo llegamos hasta aquí, del cual se pueda extraer una directriz de cómo seguir hacia delante en una situación nueva, diferente de la que existía entre 1998 y 2016.
Elementos de un balance
A partir de la crisis internacional de 2008, el deterioro de los precios de los productos básicos, la dependencia financiera y comercial, la fuerza de oligopolios – espacialmente extranjeros y la debilidad del Estado volvieron cada vez más difícil la situación de varios gobiernos progresistas y de izquierda.
Ocurrió un empeoramiento de los problemas que ya se venían acumulando, tales como: la "fatiga de materiales", los límites de la estrategia adoptada, la timidez en las políticas de integración regional, las políticas macroeconómicas que mantuvieron el predominio del sector agroexportador y el peso del sector financiero, entre otros.
La crisis internacional confirmó que la dependencia externa sigue siendo un problema fundamental por superar, a través de la integración regional, la industrialización, del fortalecimiento del Estado y de la soberanía nacional, en todos sus aspectos, de alimentar a la defensa, pasando por la comunicación.
La crisis y la contraofensiva reaccionaria alcanzaron al grupo de países gobernados por fuerzas progresistas y de izquierda.
Ya sea donde había gobiernos más combativos, o donde había gobiernos más moderados, se produjo un deterioro de las condiciones políticas, económicas y sociales que afectó el apoyo de la clase obrera a los gobiernos progresistas y de izquierda, llevando a la derrota electoral en Argentina, dando lugar al proceso de impedimento en Brasil y permitiendo una mayoría parlamentaria de derecha en Venezuela.
Cada país de América Latina y el Caribe tienen su propia historia, irreductible y única.
Sin embargo, los episodios ocurridos desde 2008 en países como Honduras, Paraguay, Argentina, Venezuela y Brasil, confirman una vez más que nuestras diferencias coexisten con enormes semejanzas, entre las cuales están:
a) Nuestras clases dominantes prefieren subordinarse a Washington que construir experiencias democráticas y progresistas de desarrollo soberano;
b) Nuestras clases dominantes y sus representantes políticos y mediáticos tienen una relación meramente oportunista con la democracia;
c) Nuestras clases dominantes prefieren ganar dinero por medio de la desigualdad y la dependencia de las metrópolis, que a través de la integración regional y de la ampliación del consumo.
Por esta razón, las clases dominantes de América Latina y el Caribe atacan duramente tanto a los gobiernos moderados como a los radicales.
Lo que importa y desagrada a las clases dominantes es que, moderados o radicales, son gobiernos de izquierda, es decir, gobiernos comprometidos con los intereses de la clase obrera y de las mayorías populares.
Mejorar la vida del pueblo a través de la acción de gobiernos
En los años 1990, la mayoría de los partidos y organizaciones de la izquierda de América Latina y el Caribe adoptaron una estrategia que consistía en buscar mejorar la vida del pueblo a través de políticas públicas que serían implementadas a partir de espacios legislativos y ejecutivos designados a través de procesos electorales.
Esta estrategia era profundamente diferente a la estrategia adoptada por los que dirigían la revolución cubana de 1959.
En el caso cubano tuvimos la conquista del poder (y no del gobierno), por la lucha armada (no por la vía electoral), a partir de la cual se introdujeron no solo nuevas políticas públicas, sino también transformaciones en el patrón de desarrollo vigente hasta entonces en Cuba, cambios que incluyeron desde la reforma agraria hasta a la transición socialista.
A pesar de la oposición de la mayor parte de la clase dominante y de sus representantes políticos, los gobiernos progresistas y de izquierda entre 1998 y 2016 obtuvieron éxito, mayor o menor en cada caso, en lo que respecta a mejorar la vida del pueblo, ampliar las libertades democráticas, afirmar la soberanía nacional y ampliar la integración regional.
Sin embargo, a partir de un determinado momento, que varió de país a país, pero que en todos los casos sucedió después de la crisis internacional de 2008, los gobiernos progresistas y de izquierda pasaron a enfrentar crecientes dificultades, que resultaron en la pérdida de apoyo popular y el crecimiento de la oposición de derecha.
Esta utilizó de todo un poco: oposición política y mediática, sabotaje burocrático y económico, acciones diplomáticas abiertas o encubiertas, movilización de masas y acciones subversivas clandestinas.
Fue un proceso semejante al ocurrido en Chile entre 1970 y 1973, contra el presidente Salvador Allende y el gobierno de la unidad popular, predominó en la clase dominante de los países latinoamericanos y caribeños la política de enfrentamiento en contra de los gobiernos progresistas y de izquierda.  
La izquierda latinoamericana y caribeña que llegó al gobierno entre 1998 y 2016 tiene mucho que aprender de la experiencia de la llamada “vía chilena para el socialismo”
Inclusive con el hecho de que todos somos víctimas de una campaña anticomunista, que alcanza incluso a partidos que nunca vincularon su acción gubernamental al objetivo de llegar al socialismo.
Frente a una nueva situación estratégica, la izquierda de la región está convocada a producir una nueva estrategia.
No es la primera vez que la izquierda regional es convocada a producir una nueva estrategia.
Lo mismo ocurrió al inicio de los años 1990, cuando enfrentábamos los efectos combinados de la ofensiva neoliberal y de la crisis del socialismo de tipo soviético.
En aquel momento, el Foro de São Paulo fue un espacio muy importante para el diálogo y la elaboración de nuevas estrategias.
Tanto ayer como hoy, uno de los componentes de esta estrategia continuará siendo la integración de América Latina y del Caribe, variable fundamental para el éxito de la estrategia que la izquierda vaya a adoptar en cada país de la región.
En caso de que la protección comercial prometida por Trump se materialice, habrá aún más motivos para una estrategia de integración regional entre nuestros pueblos, gobiernos, movimientos y partidos.
Directrices para la acción internacional.
Debemos ser internacionalistas, por razones programáticas y estratégicas.
Programáticamente porque defendemos un mundo socialista.
Estratégicamente porque las victorias de la clase obrera y de la izquierda contribuyen unas con otras.
Debemos mantener relaciones con los partidos, organizaciones y militantes de diferentes orientaciones políticas e ideológicas.
Debemos mantener diferentes niveles de cooperación con los que compartirán las premisas de respeto a la autodeterminación de los pueblos, las libertades democráticas y al bienestar social.
En el diálogo con las fuerzas de izquierda, nacionalistas, populares, socialistas y comunistas, el mínimo denominador es la integración regional, el desarrollo soberano, la ampliación del bienestar social y de las libertades democráticas de nuestros pueblos.
La experiencia del siglo XX mostró las dificultades del “socialismo en un solo país”. La experiencia del siglo XXI mostró las dificultades del “progresismo en un solo país”.
La alternativa está en construir un fuerte movimiento internacional, anclado en las clases trabajadores y en los sectores populares, que consiga no solo resistir, sino también conquistar gobiernos que actuando en común sean capaces de reorientar la economía y la política mundial.
Capitalismo significa inestabilidad, crisis y guerras.
En los EEUU y Europa, las clases dominantes y sus partidos se comprometieron con políticas neoliberales y/o capitularon en contra del populismo reaccionario.
La guerra, de forma regional o mundial, es un riesgo cada vez mayor.
Frente a la barbarie capitalista, reafirmamos la elección por una sociedad sin explotación ni opresión, el socialismo.
Los principales rasgos del socialismo por el cual luchamos son:
a) La más profunda democracia.
Esto significa democracia social; pluralidad ideológica, cultural y religiosa; igualdad de género, igualdad racial, libertad de orientación sexual e identidad de género.
La igualdad entre hombres y mujeres, el fin del racismo y la libertad de expresión sexual más amplia serán rasgos distintivos y estructurales de la nueva sociedad.
El pluralismo y la auto-organización, más que permitidos, deberán ser incentivados en todos los niveles de la vida social.
Debemos ampliar las libertades democráticas duramente conquistadas por los trabajadores en la sociedad capitalista.
Libertad de opinión, de manifestación, de organización civil y político-partidaria y la creación de nuevos mecanismos institucionales que combinen democracia representativa y democracia directa. Instrumentos de democracia directa, garantizando la participación de las masas en los distintos niveles de dirección del proceso político y de la gestión económica, deberán conjugarse con los instrumentos de la democracia representativa y con los mecanismos ágiles de consulta popular, libre de coacción del capital y dotada de verdadera capacidad de expresión de los intereses colectivos.
b) Un compromiso internacionalista
Somos todos seres humanos, habitantes de un mismo planeta, casa común a la que tenemos derecho y que todos debemos cuidar.
Apoyamos la autodeterminación de los pueblos y valorizamos la acción internacionalista, en el combate de todas las formas de explotación y opresión.
La soberanía de los estados nacionales debe ser respetada y deben cooperar para eliminar la desigualdad económica y social, así como todos los motivos que llevan a la guerra y a los demás conflictos políticos y sociales.
Los organismos multilaterales creados después de la Segunda Guerra Mundial debieron ser reformados y/o substituidos, capaces de servir como superestructura política de un mundo basado en la cooperación, la igualdad, el desarrollo y la paz.
c) Una planificación democrática y ambientalmente orientada.
Queremos una economía puesta al servicio, no de la concentración de riquezas, sino de la atención a las necesidades presentes y futuras del conjunto de la humanidad. Para lo cual será necesario retirar la planificación económica de las manos de aquellos que la tienen hoy: de la anarquía del mercado capitalista, así como de una minoría de tecnócratas estatales y de grandes empresarios, al servicio de la acumulación del capital y, por eso mismo, dominados por la inmediatez, el consumismo y el sacrificio de nuestros recursos sociales y naturales.
d) La propiedad pública de los grandes medios de producción.
Las riquezas de la humanidad son una creación colectiva, histórica y social de toda la humanidad. El socialismo que anhelamos solo existirá con una democracia económica efectiva. Deberá organizarse, por lo tanto, a partir de la propiedad social de los medios de producción.
La propiedad social no debe ser confundida con la propiedad estatal. Puede asumir las formas (individual, cooperativa, estatal etc.) que la propia sociedad, democráticamente, decida.
Pretendemos una democracia económica que supere tanto la lógica del mercado capitalista, como la planificación autocrática estatal vigente en muchas economías denominadas socialistas.
Queremos prioridades y metas productivas que correspondan a la voluntad social, y no a supuestos intereses estratégicos de quien comanda el Estado.
Queremos conjugar el incremento de la productividad y la satisfacción de las necesidades materiales con una nueva organización de trabajo, capaz de superar la alineación característica del capitalismo.
Queremos una democracia que sea eficaz tanto para la gestión de cada unidad productiva, como para el sistema en conjunto, por medio de una planificación estratégica bajo el control social.
Otro mundo es posible. Y necesario
Hablar de socialismo parece algo contradictorio con la afirmación de que vivimos en un momento en que la izquierda mundial está en la defensiva estratégica.
Sucede que una situación de defensa no dura para siempre
Una situación de defensa puede convertirse en una situación de equilibrio (relativo, como cualquier equilibrio) y este puede convertirse en una situación de ofensiva estratégica.
Lo que permite a la defensiva convertirse en ofensiva es el cambio de estado de ánimo de la clase trabajadora. Y este cambio ocurre en parte como reacción a la acción de los enemigos y en parte por la acción de las vanguardias.
La acción de las vanguardias debe ayudar a la clase trabajadora a cambiar su estado de ánimo. Para esto es importante ser didácticos, pacientes y correctos en el debate de ideas.
Las políticas hegemónicas en el ámbito mundial desde los años 1990 derivaron en una ampliación de la polarización social y política, inclusive en los países centrales.
Dieron como resultado, también, la profundización de las agresiones imperialistas contra la soberanía nacional de los países más frágiles económicamente.
Y generaron, finalmente, reacciones y alternativas de varios tipos. Entre las alternativas, debemos citar:
a) Los BRICS,  especialmente China, Rusia y (durante los gobiernos de Lula y Dilma) también Brasil.
b) Los llamados gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina.
c) Las luchas políticas y sociales impulsadas por las fuerzas de izquierda que actúan en Europa, África, Asia y los EEUU.
Las políticas neoliberales e imperialistas encabezadas por los EEUU también generan reacciones históricamente reaccionarias.
Este es el caso del fundamentalismo terrorista, que constituye una respuesta al terrorismo de Estado practicado por los Estados y sus aliados mayores y menores, entre los cuales están Israel y Arabia Saudita.
Otra consecuencia del neoliberalismo fue el surgimiento del populismo de derecha.
Tanto el neoliberalismo como el populismo de derecha conducen, por diferentes caminos, al empeoramiento de la inestabilidad, de las crisis y las guerras.
El “proteccionismo” y el “globalismo” de gran potencia son diferentes formas que el imperialismo puede asumir y ambas ya condujeron al mundo, a lo largo del siglo pasado y este, a innumerables guerras.

Hoy, como ya sucedió en el pasado, la conservación de la paz y la democracia, las perspectivas del desarrollo, e incluso la supervivencia de la humanidad, dependerán fundamentalmente de la clase trabajadora, de los sectores populares, de las fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda. Luchar por el socialismo, más que nunca, es luchar por el futuro de la humanidad.

DE LA LUCHA ARMADA A LOS PROCESOS ELECTORALES

Manual 2
DE LA LUCHA ARMADA A LOS PROCESOS ELECTORALES

El sentido común compara, como alternativas antagónicas, los procesos electorales y los procesos de lucha armada. En la práctica, existe una relación mucho más compleja entre ambos procesos. Esto se evidencia cuando observamos la historia de los países señalados generalmente como democracias electorales.

Comencemos por Inglaterra: un país en el que la instalación de una democracia parlamentaria estable resultó de un largo proceso revolucionario que inició con una guerra civil (de 1640 a 1649), prosiguió en el gobierno de Oliver Cromwell (de 1649 a 1658), después pasó por la restauración de la dinastía de los Stuart (de 1660 a 1688) y concluyó con la llamada Revolución Gloriosa. Es decir, sin revolución y sin el “Ejército de Nuevo Tipo”, dirigido por Oliver Cromwell, no habría surgido la monarquía parlamentaria que permanece hasta el día de hoy.

La historia de la democracia electoral en Francia es tan violenta como la de Inglaterra, ya que incluye tres revoluciones (1789, 1830, 1848) y una guerra civil (1871). La República derivada de ese proceso atravesó por muchas revueltas, incluyendo dos guerras mundiales, una ocupación nazi, un gobierno colaboracionista y una tentativa de golpe organizada por generales de ultra-derecha contra el presidente De Gaulle, en 1961, además de las grandes manifestaciones de 1968 y de la posterior reacción conservadora. Es decir, la estabilidad relativa de la democracia electoral que Francia exhibe desde los años 1970 es producto de inmensos conflictos en los que el elemento militar estuvo presente en varias ocasiones.

Y en los Estados Unidos (EEUU), país donde – se dice – ¿nunca hubo un golpe militar? Para comenzar, siempre es bueno recordar que Estados Unidos tiene un sistema político y electoral muy peculiar. Este sistema está compuesto, entre otros elementos, por un sistema de equilibrio de poderes entre el judicial, el legislativo y la presidencia. El papel de las agencias de seguridad, del Pentágono y del complejo industrial-militar; el papel de los grupos de presión, la influencia de las corporaciones y especialmente de Wall Street; el financiamiento empresarial de las campañas electorales y el papel de los medios de comunicación en la definición del voto popular. Las restricciones para el registro electoral que dificultan la incorporación electoral de negros, latinos y pobres; las restricciones para el ejercicio del derecho al voto, llevando a que menos de la mitad de la población adulta sea políticamente activa en los procesos electorales, inclusive porque las personas no tienen la libertad en el trabajo para poder votar; y por último, el sistema federal, que permite que un presidente con menos votos populares sea el de la victoria, como es el caso de Donald Trump.

En resumen: la democracia existente en los EEUU no es tan democrática como parece. ¿Y cómo fue construida esta democracia? No fue diseñada por algún teórico, pero sí por una larga historia de conflictos internos y externos que tienen su origen en la guerra de independencia (1775-1783), luego pasa por una devastadora guerra civil (1861-1865), por la participación cada vez más frecuente en guerras imperialistas, que tuvieron una oposición interna que incluyó grupos de lucha armada y desobediencia civil (con énfasis en las Panteras Negras).

En estos tres países y en todo el mundo fue siempre así: para bien y para mal, la democracia que existe realmente surgió de inmensos conflictos, en los cuales los procesos de lucha armada tuvieron mayor o menor importancia.

Un ejemplo reciente ocurrió en Irak, Libia y Afganistán, donde los EEUU promovieron guerras en nombre de la democracia; y el resultado fue, como todos pueden constatar, regímenes políticos y sociales extremadamente frágiles, desiguales, injustos y anti-democráticos.

En América Latina y el Caribe,  nuestros gobiernos republicanos surgieron – la mayoría de las veces – de las grandes luchas por la independencia contra España. Las fuerzas armadas tuvieron gran importancia en la historia de nuestros países, generalmente por una alianza entre los militares, las oligarquías y las potencias extranjeras. Y en muchos casos, la única alternativa que quedó a los grandes sectores de la población fue el derecho de rebelión contra la tiranía – derecho previsto en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) – y por lo tanto, la lucha armada contra las dictaduras.

La lucha armada resultó victoriosa en Cuba (1959) y en Nicaragua (1979). En el primer caso, la revolución construyó un nuevo Estado y procesos político-electorales nuevos, muy diferentes de los existentes en el resto de la región. Parte de estas diferencias derivan del bloqueo promovido por los Estados Unidos desde 1962, obligando a Cuba a adoptar diversas medidas de protección.

En Nicaragua, la revolución también construyó un nuevo Estado que incluye fuerzas armadas y policía sandinista. Los EEUU también presionaron fuertemente al gobierno revolucionario, estimularon una guerra civil y apoyaron la candidatura de oposición que venció las elecciones presidenciales en 1990. El Frente Sandinista vivió, entonces, una situación inusual: después de haber liderado y vencido una revolución armada, construyó un nuevo Estado bajo cuyas reglas perdió las elecciones y se convirtió en oposición entre 1990 y 2006.

En otros países, la guerrilla no tuvo fuerza para vencer la lucha armada, sin embargo, tuvo suficiente fuerza para obligar a los oponentes a negociar la paz. De esta forma, la lucha armada concluyó con acuerdos que en mayor o menor medida incorporaron demandas de las antiguas organizaciones guerrilleras, ahora incorporadas a la participación político-electoral. Es el caso de Guatemala y, con énfasis, es el caso de El Salvador, donde el FMLN venció dos elecciones presidenciales: en 2009 y 2014.

En la mayoría de los casos, no obstante, la lucha armada fue derrotada y sus organizaciones dejaron de existir. Una excepción a la regla es Uruguay, donde una antigua organización guerrillera – los Tupamaros – protagonizó la creación de un partido político – el Movimiento de Participación Popular –  que actúa como parte del Frente Amplio. Uno de los integrantes del MPP (Movimiento de Participación Popular), el senador Pepe Mujica, fue electo presidente de Uruguay en el año 2012.

A continuación, hablaremos de las experiencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-Tupamaros).

La experiencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional - FSLN
País: Nicaragua.
Fundación: 1961.
Contexto: Los EEUU mantuvieron una constante presencia militar en Nicaragua, entre 1912 y 1933. Esta presencia militar, vinculada a los intereses imperialistas de los EEUU, interfería en los conflictos entre los diferentes grupos políticos y sociales nicaragüenses.

El auge de estos conflictos significó la guerra civil entre conservadores y liberales, iniciada en el año 1926. Cuando los liberales estaban por ganar la guerra, los EE UU impusieron un acuerdo entre las partes, bajo su supervisión militar. Uno de los generales del lado liberal, llamado Sandino, no aceptó el acuerdo y mantuvo la lucha por la renuncia del presidente conservador, por nuevas elecciones, por el retiro de las tropas de los EEUU y por el fin del acuerdo que daba a los EEUU el control firme de Nicaragua.
Las tropas de Sandino no vencieron la guerra, pero tampoco fueron militarmente derrotadas. Los EEUU retiraron sus tropas de Nicaragua en enero de 1933. Sandino abrió negociaciones con el gobierno, pero fue traicionado, preso y ejecutado el 21 de febrero de 1934 por tropas de la Guarda Nacional, bajo el comando de Anastasio Somoza García.

Dos años después, el mismo Somoza daría un golpe de Estado e iniciaría una dictadura familiar, encabezada primero por el padre Somoza García y después por los hijos.

Somoza impuso al país un régimen en el que buena parte de las propiedades públicas y de las empresas que tenían el monopolio de negociación con países extranjeros pasaron a las manos de su familia y de sus aliados. Lo mismo sucedió en las Fuerzas Armadas, nombrando a personas de su confianza para los cargos más altos.

Anastasio Somoza permaneció en el poder por 20 años, hasta 1956, poco después de que una alteración constitucional le permitiera asumir un nuevo mandato. Sin embargo, fue asesinado meses después, el 21 de septiembre de aquel año, por el poeta Rigoberto López Pérez, quien se transformó en un ícono en la lucha contra la opresión.

Después del asesinato, Luis Somoza asumió el lugar de su padre, manteniendo el mismo método de gobierno y reanudando el apoyo de los EEUU. Posteriormente, en 1967, Anastasio Somoza Debayle, hermano de Luis, ocupó la Presidencia de Nicaragua en una gestión que agravó las desigualdades sociales y políticas y se encontró con alguna desaprobación internacional, especialmente luego de que se descubrió que la ayuda humanitaria para la reconstrucción de la capital (Managua) - afectada por un fuerte terremoto en diciembre de 1972 - estaba siendo desviada por el gobierno.

El FSLN: El surgimiento del FSLN se remonta al final de la década de 1950 y al  inicio de la década de 1960, a partir de grupos formados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y en la Universidad de León.

El diagnóstico era que solo la lucha armada derribaría la dictadura de Somoza. En 1961, Santos López (quien luchó con Augusto Sandino), Carlos Fonseca, Silvio Mayorga, Tomás Borge, Germán Pomares Ordóñez, Jorge Navarro, Julio Buitrago, Faustino Ruiz, Rigoberto Cruz y José Benito Escobar Pérez fundaron el Frente de Liberación Nacional.

En 1963, se incluyó el nombre de Sandino y el grupo comenzó a actuar como el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
La actuación del FSLN se daba de manera clandestina. La acumulación de fuerzas se prolongó durante la década de 1960, transformando al FSLN en la principal fuerza de enfrentamiento a la dictadura.

En 1969, fue lanzado el Programa de la Revolución Popular Sandinista, que eligió la alianza entre trabajadores rurales y campesinos como pilar para derrotar a las fuerzas imperialistas y oligárquicas que controlaban Nicaragua. En el núcleo del programa del FSLN, estaban el fin de la explotación y de la opresión, el desarrollo, la patria libre, el progreso y la independencia de las fuerzas productivas nacionales.

En los años 1970, el FSLN ya actuaba como grupo armado, llevando a cabo sus primeras operaciones contra el gobierno de Somoza, el cual dio inicio a violentas opresiones y persecuciones a los integrantes del FSLN y a todo el que estuviese ayudándolos.

En diciembre de 1974, integrantes del FSLN con operación armada promovieron la acción más significativa del grupo: tomaron como rehenes a varios miembros del gobierno que participaban en una fiesta en la casa del Ministro de Agricultura, quien murió al tratar de resistir el hecho. Como rescate, obtuvieron la liberación de prisioneros del FSLN en poder del gobierno (entre ellos, Daniel Ortega), consiguieron la lectura de un comunicado oficial en la radio, con su publicación en periódicos impresos y además, recibieron US$ 2 millones.

Después del episodio, ya en 1975, el gobierno Somoza amplió los métodos de intimidación, tortura y asesinatos de personas identificadas con alguna conexión con el FSLN. Fueron decretados estado de sitio y censura, con el incremento de violencia en refugios señalados como pro-revolucionarios. Muchos líderes fueron asesinados, como José Carlos Fonseca Amador, uno de los fundadores del FSLN.

En 1975, el FSLN se dividió en tres grupos. El primer grupo, con Jaime Wheelock Román al frente, apostaba por una insurrección urbana; el segundo, que tenía a Fonseca, Tomás Borge y Henry Ruíz como líderes, era partidario de la guerra popular prolongada; el tercer grupo, integrado por Daniel Ortega y su hermano Humberto Ortega Saavedra, era caracterizado por defender una política de alianzas más amplia y por más apertura en relación a los procesos para derrocar la dictadura.

A partir de 1978, el movimiento armado se fortaleció a tal punto que permitió el derrocamiento del gobierno de Anastasio Somoza Debayle. Al año siguiente, Somoza deja el país y la Revolución Sandinista asume el poder para implementar una profunda reforma en las instituciones del país.
Una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, compuesta por cinco miembros y coordinada por Daniel Ortega, albergó a las variadas fuerzas que apoyaron el proceso revolucionario. El FSLN era la mayor de ellas y lideró el proceso de reforma agraria, estatización de tierras e industrias (buena parte a nombre de la familia Somoza), nacionalizó bancos y promovió una campaña de alfabetización universal.

En 1985, Daniel Ortega se convirtió en el primer presidente de la República de Nicaragua después de la revolución, electo con 60% de los votos.

Los desafíos del FSLN, ya como partido político, pasaron a ser apoyar al gobierno en la búsqueda de la recuperación económica, con ampliación del comercio exterior y valoración del trabajo, todo esto en medio de las debilidades de infraestructura dejadas por cuatro décadas de dictadura, a las desigualdades sociales y a la destrucción (física e intelectual) resultante del proceso de enfrentamiento revolucionario.

El triunfo de la revolución colocó al país como una de las prioridades geopolíticas para los EEUU, que pasó a financiar y a armar a paramilitares de derecha para que desestabilizaran el gobierno de inspiración sandinista.

Este proceso se intensificó con la victoria de Ronald Reagan a la Presidencia de los EEUU, cuyo gobierno orientó, financió, entrenó y armó a los llamados “contras”–fuerzas antirrevolucionarias.

En 1983 se declaró estado de excepción debido a la presión estadounidense, con suspensión de libertades civiles, lo que daba fortalecimiento para el discurso construido externamente por los EEUU de que el nuevo gobierno sería una “dictadura comunista totalitaria”.

En 1990, en ese escenario ampliamente desfavorable, Daniel Ortega consigue conducir el país hacia un proceso electoral libre y directo, en el cual se consagra vencedora Violeta Chamorro, de la Unión Nacional Opositora, que se distanció a lo largo de los años 1980 de la junta de gobierno post-revolución y se alió a grupos conservadores y moderados, financiados por los EEUU.

La década de 1990 marca sucesivas derrotas del FSLN en las elecciones presidenciales, con el ascenso de Violeta Chamorro, José Arnoldo Alemán Lacayo (Partido Liberal Constitucionalista – PLC) y Enrique José Bolaños Geyer (Alianza por la República – APRE), cuyos gobiernos llevaron adelante las orientaciones neoliberales formuladas en el Consenso de Washington.

Tal programa era diametralmente opuesto a lo defendido por el FSLN y por la población que apoyaba la Revolución Sandinista en Nicaragua. Entre 1990 y 2006, el FSLN se mantuvo en la oposición, pasó por divisiones internas, siempre consiguió mantener una fuerte presencia parlamentaria, retomando la presidencia de la República en el año 2006.

Desde entonces, con victorias seguidas, Ortega ha venido siendo reelecto presidente — la más reciente reelección fue en el 2016.

La experiencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional - FMLN
País: El Salvador.
Fundación: 1980.
Contexto: De 1931 a 1979, el país fue dirigido por diversos gobiernos autoritarios que representaban a las fuerzas militares y latifundistas del país.
 
Entre las organizaciones reprimidas en este período está el Partido Comunista Salvadoreño (PCS), creado en 1930 y que tenía entre sus militantes a Agustín Farabundo Martí, quien durante algunos años fue secretario del general Augusto César Sandino.
 
En 1932, un levantamiento campesino dirigido por Farabundo Martí dio lugar a una masacre con miles de víctimas, especialmente indígenas, y la ejecución de Farabundo Martí y otros líderes comunistas y campesinos.
En las décadas siguientes, El Salvador vivió un período de golpes sucesivos: en 1944, 1945, 1948, 1960 y 1961, siempre manteniendo la ecuación militares + oligarquías agrarias, generalmente con la presencia de los EEUU.
A principios de la década de 1970, varios grupos se opusieron a los gobiernos militares y oligárquicos. Entre ellos, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que proviene del movimiento estudiantil, que secuestró y asesinó, en 1971, al empresario Ernesto Dueñas, de una de las familias con mayor concentración de tierras en el país.
En 1972, José Napoleón Duarte, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), participa en las elecciones presidenciales encabezando una alianza denominada Unión Nacional Opositora (UNO). Pero el ejército decretó la victoria del Coronel Arturo Armando Molina, del Partido de Conciliación Nacional (PCN), lo que provocó protestas ante los indicios de que la UNO había ganado las elecciones. Duarte se vio obligado a exiliarse en Venezuela.
Una vez más, el proceso se repitió en 1977, con los militares declarando la victoria del candidato oficialista, en un proceso electoral fraudulento, una dictadura disfrazada de democracia electoral.
El 24 de marzo de 1980 fue asesinado el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, por sus manifestaciones contra la represión del gobierno y contra el apoyo que prestaron los EEUU al régimen. La muerte de Romero marca el inicio de un conflicto armado generalizado en el país.
El FMLN: En 1980, cinco movimientos políticos de oposición se estructuraron en el FMLN: el Partido Comunista Salvadoreño (PCS), las Fuerzas Populares Farabundo Martí (FPL), la Resistencia Nacional (RN), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC).
También se creó la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM), para impulsar las manifestaciones de calle que se multiplicaban en el país, con la intención de confrontar e imponer derrotas a las fuerzas militares de opresión.
El FMLN encendió, el 10 de enero de 1981, la "Ofensiva Final". Esta acción no logró derrocar a los militares para implementar un gobierno revolucionario y popular. El FMLN continuó operando clandestinamente, dispersó sus fuerzas en unidades de combate armado, preparó una estructura de soporte de las operaciones armadas, como talleres de fabricación y reparación de armas, apoyo médico, así como radios para la comunicación y difusión de las ideas del movimiento.
El despliegue popular y la solidez militar del FMLN impidió su destrucción por parte de la alianza entre el gobierno oligárquico-militar y los EEUU. Por otro lado, el FMLN no logró vencer mediante la lucha armada. En un contexto internacional marcado por el fin de la Unión Soviética, el FMLN optó por la negociación de la paz.
En 1992, la firma del proceso de paz, en Chapultepec (México), no solo terminó el período de la guerra civil, sino también un período de 60 años de gobiernos militares o protegido por militares.
El reconocimiento por parte del Tribunal Supremo Electoral del registro como partido político, también en 1992, abrió una nueva etapa de operación del FMLN.
En 1994, el partido se establece como la segunda fuerza política salvadoreña, obteniendo el 21% de los votos para la Asamblea Legislativa.
Sin embargo, la nueva etapa presentaba nuevos problemas, entre los cuales estaban, cómo disolver las estructuras políticas armadas y convertirse  en un partido con actividades políticas, sociales y electorales. Además, hubo diferencias políticas que llevaron a sectores del FMLN a abandonar el partido, por lo general para defender posiciones más moderadas.
El FMLN participó en las elecciones municipales, en las elecciones parlamentarias y también en las elecciones presidenciales, con las candidaturas de Facundo Guardado en 1999 (obteniendo 365,689 votos o 28,88%), Schafik Handal en 2004 (obteniendo 812,519 votos o 35,68%) y Mauricio Funes en 2009 (alcanzando 1.345.000 votos o 51,32%)
En 2009, junto con el periodista Mauricio Funes, el FMLN llegó a la presidencia de El Salvador. En 2014, volvió a ganar las elecciones, con Salvador Sánchez Cerén, ex comandante guerrillero que fue vicepresidente de Funes. Hoy en día, compone la primera fuerza política y electoral de El Salvador, con mayor representación parlamentaria y acumulando los gobiernos de las principales ciudades de El Salvador, incluyendo la capital, San Salvador.
La experiencia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca - URNG
País: Guatemala.
Fundación: 1982.
Contexto: Es muy conocido el término "república bananera", término peyorativo aplicado a países de América Latina y el Caribe.

El verdadero origen del nombre es que en el cambio del siglo XIX para el siglo XX, las empresas estadounidenses como United Fruit Company (ahora Chiquita Brands International) comenzaron a invertir en la producción a gran escala de bananas y con eso influenciaban a los gobiernos locales, débiles, corruptos y dependientes de los EEUU.
United Fruit eligió a Guatemala como sede de sus operaciones en la región. La multinacional estadounidense, centrada en la producción y el comercio de frutas tropicales, estaba directamente involucrada en la inestabilidad política en Guatemala. Una señal significativa de esto fueron los golpes de estado que derrocaron el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán, en 1954, con la explicación de que se trataba de una gestión guiada por las directrices comunistas.
Tanto el gobierno de Juan José Arévalo, como el de su sucesor, Jacobo Arbenz Guzmán, apostaron por medidas populares, en especial la reforma agraria, que dio como resultado el acceso a la tierra a más de 100 mil familias, en 1952.
La consecuencia inmediata fue la pérdida de tierras sin cultivar, objetivo de la reforma agraria, que pertenecían a United Fruit Company, también propietaria de ferrocarriles y del puerto de San José. Asimismo, fueron aprobadas leyes laborales, permitiendo la creación de los primeros sindicatos.
Bajo el argumento de que Arbenz llevaba un gobierno comunista, una fuerza formada en el exterior ingresó a Guatemala dirigida por Castillo Armas, que bajo la dirección y con el apoyo de los EEUU derrocó al presidente.
Además de sacar a Arbenz del poder, disolver el Congreso y establecer una nueva Carta Constitucional represora y contra los movimientos populares, el nuevo gobierno estableció la violencia como patrón de convivencia en Guatemala.
En más de tres décadas (1960 a 1996), cientos de miles de personas murieron y decenas de miles desaparecieron.
Asesinado en 1957, Castillo Armas fue sustituido por una junta militar. En 1966, la elección de Julio César Méndez Montenegro (del Partido Revolucionario) fomentó la ilusión de que se podría retomar el camino de las transformaciones sociales más profundas. Sin embargo, Montenegro gobernó sin ofender ni los intereses de las oligarquías, ni los de los militares y los estadounidenses.
En 1970, con la elección del presidente Carlos Arana Osorio, el país entró en su fase más aguda, con la adopción de una política de exterminio de opositores, bajo la justificativa de que eran comunistas. La consolidación de Escuadrones de la Muerte con el apoyo del Estado incrementó la violencia en Guatemala y agudizó las tensiones sociales.
La URNG: El golpe militar de 1954 representó el inicio de un período de gran persecución contra las fuerzas de izquierda guatemaltecas, con la frecuente desaparición de sus líderes.
En 1982, algunas de estas fuerzas se unificaron en una sola organización la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) integrada por el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), La Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas, las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).
Por albergar bases de la oposición, la zona rural fue la que más sufrió con la política gubernamental que causó más de 600 masacres de civiles, en su mayoría indígenas, según sostiene la Comisión para el Esclarecimiento Histórico.
Según la encuesta, entre el 90% y el 94% de las masacres fueron causadas por las fuerzas de seguridad estatales. Muchas de estas muertes y desapariciones se dieron de forma encubierta como parte de un programa -- llamado "Fusiles y Frijoles" -- puesto en marcha por el general Efraín Ríos Montt, en el año de la fundación de la URNG.
Con el motivo de promover el acceso a los alimentos básicos y al trabajo, el programa cumplió otro objetivo no declarado: ocupar lugares previamente controlados por los oponentes, asesinando a importantes líderes de los movimientos armados.
En 1984, se llevan a cabo elecciones para la Asamblea Nacional y, un año más tarde, la gente vota para elegir al demócrata-cristiano Marco Vinicio Cerezo Arévalo. Se abre espacio para la construcción de un proceso de paz con la participación de las Naciones Unidas, que tendría lugar entre 1987 y 1996, con el consecuente abandono de armas.
La legalización de la URNG como partido político, para la disputa institucional, comenzó en 1997, pero solo se concretó el año siguiente. La primera elección disputada por la URNG fue en 1999, cuando registró el 12% de los votos y se estableció como la tercera fuerza política en Guatemala. Sin embargo, las divisiones y los desacuerdos impidieron una mayor unidad entre las representaciones de izquierda, y la URNG perdió apoyo en las siguientes elecciones.
La URNG también se topó con el obstáculo de la reinserción en la vida social, sufrió divisiones causadas por diferencias políticas y no logró superar la condición de fuerza política y electoral minoritaria.
La experiencia del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros - MLN
País: Uruguay.
Fundación: 1966.
Contexto: Durante muchos años, a Uruguay se le llamaba la "Suiza de América", en una alusión combinada a las condiciones de vida, la estabilidad social y también las dimensiones del país.

En realidad, esta referencia fue un reconocimiento de los efectos de un movimiento iniciado dentro del Partido Colorado, a principios del siglo XX, bajo la dirección de José Batlle, que proponía un Estado con presencia en la economía, impulsor de educación y reducción de la dependencia exterior.
Representante de las clases urbanas emergentes, el Partido Colorado disputaba el control político de Uruguay con el Partido Nacional, el brazo político de las oligarquías agrarias. La aparición de lo que se llamó "batllismo" culminó en una nueva Constitución, en 1918, que consolidó en el país un sistema bipartidista.
Los gobiernos "batllistas" permitieron la expansión de la infraestructura nacional, avances importantes en la educación, protección a la producción nacional, el fortalecimiento del comercio, los cambios en la legislación portuaria, la creación de un sistema de seguridad social, la organización de los sindicatos, la reducción de las desigualdades entre el campo y las zonas urbanas y un modelo partido-político-electoral estable.
Sin embargo, en la década de 1950 este modelo de desarrollo económico y político se estaba agotando. Así, las tensiones económicas posteriores a la Segunda Guerra, con una fuerte pérdida en valor del peso, condujeron a las demandas populares por mejoras en las condiciones de vida.
La Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), establecida en 1961 con el apoyo del joven abogado Raúl Sandic, promovió grandes manifestaciones en Montevideo, pidiendo tierra y leyes de protección a los trabajadores. La reacción del gobierno fue la violencia, responsabilizando a los opositores por la situación, marcando la década de 1960 como un momento de preparación para la dictadura militar, que llegó a superar a la creciente supresión de los derechos civiles.
El gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972) utilizaría las "Medidas Prontas de Seguridad" para avanzar sobre los derechos de los trabajadores, prohibir el funcionamiento de los partidos de izquierda y censurar a la prensa. Enfrentaría la intensa resistencia de los sectores sindicalizados, fortalecidos por las décadas anteriores y responsables años atrás, en 1965, de una huelga general que paralizó a cientos de miles de trabajadores uruguayos.
En la misma década de 1960 se vería la formación de grupos y movimientos políticos de resistencia y confrontación al  poder central, que comenzaron a vocalizar, junto con las centrales sindicales (Confederación Sindical del Uruguay - CSU, la Unión General de Trabajadores - UGT y la Confederación Nacional de Trabajadores - CNT), los descontentos populares. En este proceso, surgieron grupos como el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), que, junto a la UTAA, adoptó la lucha política armada en los grandes centros urbanos.
Muchos de estos grupos y movimientos políticos se sumaron, en 1971, para formar el Frente Amplio, que disputó las elecciones subsiguientes en representación de una amplia gama política. El aumento de la represión de las libertades políticas y civiles derivadas de la victoria de Juan María Brodaberry, que aceptó ser la cara de un régimen civil y militar de excepción, colocó a las fuerzas de oposición en la clandestinidad.
Una década más tarde, con la reanudación del proceso democrático, el Frente Amplio volvió a reagruparse, reuniendo bajo un mismo paraguas programático a una serie de partidos y movimientos políticos independientes el uno del otro.
En la actualidad, se cuenta con más de 20 grupos dentro del Frente Amplio, que preparó luego de la redemocratización (a partir de 1984) un camino sólido de convivencia entre diferentes programas partidarios, de orientación general común y de gran capacidad de unidad de acción, debido a un funcionamiento interno que respeta las proporciones y garantiza la preservación de las diferencias sin conflictos internos profundos. El camino tomado por el Frente Amplio permitió que desde 1999 obtuviese la mayoría legislativa y, a partir de 2004, conquistase la presidencia de la Republica, manteniéndola desde entonces.
Uno de esos movimientos que integran el Frente Amplio es el Movimiento de Participación Popular (MPP), que surge de la MLN (Tupamaros) y tiene en José Mujica a su mayor líder de reconocimiento internacional.
El MLN - Tupamaros: En 1966, Raúl Sendic – abogado del sindicato de trabajadores agrícolas – se une a José Mujica, Fernández Huidobro y Jorge Manera Lluvera para fundar el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), con el objetivo de crear en Uruguay una nueva sociedad, con división de tierras, una mayor igualdad y participación popular.
"Tupamaros" era una alusión al último líder indígena en resistirse al dominio español (Tupac Amaru) y también al modo como la resistencia indígena era denominada por los españoles.
La inspiración para la lucha armada vino de la Revolución Cubana, llevando al MLN Tupamaros a verse como un movimiento político armado.
Con el pasar de los años, bajo una creciente persecución por parte del gobierno uruguayo, los Tupamaros desarrollaron acciones específicas de fortalecimiento financiero y de armamentos para sostener sus operaciones.
Se especializaron en acciones de impacto y que pudiesen transmitir las razones de su lucha, como promover de la distribución de alimentos con parte del dinero robado.
Los Tupamaros tomaron la ciudad de Pando, en 1969, en una operación que duró el tiempo del asalto de bancos y de la distribución de folletos, pero que acabaría con la muerte de tres miembros del movimiento, además de la detención de otros 16.
Los Tupamaros también secuestraron a los embajadores de Brasil e Inglaterra, y al secretario de la embajada de los EEUU, Dan Mitrione, en 1970, designado como agente de la CIA y responsable de la enseñanza de técnicas de tortura a los operadores del aparato opresor uruguayo y brasileño.
Mitrione fue ofrecido a cambio de la liberación de otros tupamaros que habían sido detenidos por el gobierno. Pero, mientras se llevaban a cabo las negociaciones, los líderes del movimiento, entre ellos Sendic, fueron detenidos, y el gobierno comenzó a no dar respuesta a las comunicaciones de negociación de la liberación de Mitrione. La consecuente muerte del estadounidense empeoró la represión de los Tupamaros, determinados como enemigos número uno del gobierno, que llegó a prohibir la difusión del nombre del movimiento.
En 1970, año electoral, los Tupamaros protagonizaron una espectacular fuga de la prisión de Punta Caretas, con la salida de 111 presos, siendo 106 Tupamaros y otros cinco presos comunes. La operación tuvo un fuerte apoyo externo del movimiento, lo que facilitó vías de escape y puntos de destino para cada fugitivo arrestado.
Al mismo tiempo de la fuga, una noche en septiembre, los Tupamaros fomentaron acciones en un punto de la ciudad opuesto a la ubicación de la prisión, para atraer la atención y movilizar las tropas de seguridad del gobierno a un lugar distante de la prisión. Pero la confrontación abierta y la participación de gran parte del grupo de seguridad del gobierno llevaron a la detención de los principales miembros del MLN Tupamaros.
La mayoría de sus líderes ya habían sido detenidos cuando, a finales de 1971, Juan María Brodaberry fue electo presidente de Uruguay. La elección marcó la formación del Frente Amplio, que reunió a los grupos políticos de centro y de izquierda.
Pero la aprobación del estado de guerra interno, en 1972, con la suspensión de las garantías civiles y el juicio por la Justicia Militar de los delitos caracterizados como subversión, la dictadura civil uruguaya, contra la cual los Tupamaros luchaban, se asociaba con las fuerzas militares.
En 1973, ya con casi la totalidad de los dirigentes del MLN Tupamaros como rehenes del gobierno, Bordaberry continuó con el endurecimiento del régimen, disolviendo las cámaras y sustituyéndolas por consejos de Estado y abriendo las puertas del gobierno a la presencia de Fuerzas Armadas.
La reacción de los trabajadores fue inmediata, con huelgas, ocupación de los lugares de trabajo y toma de los centros de estudiantes, seguida por la suspensión de las escuelas primarias y secundarias y un mayor uso de la fuerza contra los manifestantes.
El 27 de junio de 1976, Bordaberry aceptó ser el presidente de un gobierno dirigido por los militares.
Fue en 1984, como parte de las negociaciones para la redemocratización del país, que los Tupamaros que habían sido encarcelados durante más de una década fueron puestos en libertad.
Reunidos bajo el nombre de Movimiento de Participación Popular (MPP), los antiguos Tupamaros comenzaron a actuar como uno de los sectores del Frente Amplio (Ver Manual 1).

Más de dos décadas después, José Mujica fue electo presidente de Uruguay, sucediendo la gestión de Tabaré Vázquez, también del Frente Amplio.